Así es Vitoria. Conoce la ciudad actual y también aquellos edificios que desaparecieron

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© Vitoria
Ciudad Viva, ciudad perdida
Fotografía.- A.M. Vitoria

La Plaza Vieja contaba con una fuente neoclásica que fue demolida en 1877, para perforar el subsuelo en busca de agua mediante un pozo artesiano.


C
ontra lo que pueda suponerse, las ciudades suelen comportarse como seres vivos que nacen, crecen y, en algunos casos, mueren. De todas estas épocas, suele haber suficientes restos como para identificar la evolución de una villa, pero, del mismo modo, también son muchos los edificios que se pierden en favor de las necesidades de la ciudad. Premiada por su especial habilidad para conservar el casco viejo y dolida por los tesoros arquitectónicos perdidos con el paso del tiempo, Vitoria se convierte en uno de los mejores ejemplos de ciudad viva.

La ciudad de Vitoria se ha desarrollado, desde su fundación alrededor de una pequeña colina donde sus habitantes supieron echar raíces. En un casco urbano con forma de almendra, se han mantenido un buen número de edificios símbolo de tiempos pasados, aunque las pérdidas, construcciones de las cuales existe constancia, pero sobre las que pesaron más las vicisitudes de la historia, también han sido importantes.

De cualquier modo, desde hace un lustro, Vitoria está considerada como una de las ciudades españolas con mayor calidad de vida. Calidad que viene dada por un concepto urbanístico en el cual se ha respetado el casco viejo (foco de turismo cultural) sin desestimar el necesario desarrollo que impone la modernidad.

La rehabilitación del centro medieval fue premiada el 26 de febrero de este año por la Real Fundación de Toledo, quien reconoció la defensa del patrimonio histórico realizada en el Plan Especial de Rehabilitación Integrada (PERI) diseñado por la consistorio alavés.

Gracias al citado plan, la estructura del casco medieval se ha respetado: perviven su forma de almendra, las calles estrechas y alargadas y el sentido del paralelismo impreso por Sancho VI en 1181. Fue en ese año, cuando los conflictos territoriales que mantenían los reinos de Navarra y de Castilla, animaron al monarca navarro a expandir sus dominios hacia occidente.

Aprovechó para ello, el ascenso al trono castellano, en 1169, de Alfonso VIII, aún menor de edad. Con la intención de recobrar las tierras perdidas, el rey castellano pactó, en 1179, con el también joven rey Pedro II de Aragón. Juntos, iniciaron una acción bélica, en 1173, contra Sancho VI de Navarra, quien, a efectos de la defensa de los territorios conquistados, decidió fortificar nuevas pueblas. Entre éstas, se encontraba Vitoria, que recibió fuero en 1181, motivo por el cual llegaron un buen número de gentes dispuestas a liberarse de la servidumbre rural.

El poder de Alfonso VIII y su aliado, Pedro II, se consolidó paulatinamente, mientras que Sancho VII el Fuerte padecía grandes apuros financieros que le obligaron a dirigirse a Al Andalus, en 1199, en busca de recursos económicos para costear la guerra contra Castilla y Aragón.

Alfonso VIII aprovechó la ausencia del monarca navarro para cercar Vitoria que, en ese momento, permitía recuperar el Ducado de Aquitania y abría las rutas comerciales hacia Europa sin necesidad de tener que pasar por Navarra. La ciudad fue sitiada en el 1199, y capituló con los primeros días del 1200. Con la derrota, Vitoria perdió su carácter militar de defensa fronteriza y se benefició, gracias a su situación geográfica, de un nuevo papel comercial.

Un incendio acaecido en el 1202, animó a los vitorianos, impulsados por Alfonso VIII, a extender la ciudad hacia el oeste, creciendo por la base de la colina que está rodeada por el río Zapardiel. Las aguas de este río sirvieron para alimentar el foso de las nuevas murallas, conocidas como Cercas Bajas, sobre las que se levantó la parroquia de San Pedro.

Alfonso VIII otorgó a la ciudad reales privilegios, como la exención de portazgos a los vecinos de la villa, que atrajeron a nuevos pobladores. Por último, Alfonso X dio el impulso definitivo a la ciudad, pues, en ella, hacia 1526, levantó su propio palacio y la iglesia de San Ildefonso "en la puebla nueva de fuera", es decir, en las calles al este de la colina creadas también por él.

Así, la ciudad de Vitoria-Gasteiz quedó limitada por sus cercas aproximadamente durante 500 años. No fue hasta 1781, cuando la ciudad decidió saltar las murallas con la construcción de la Plaza Nueva y los Arquillos, salvando el desnivel sur de la colina.

El último impulso
La Plaza Nueva, construida bajo la dirección de Justo Antonio de Olaguibel, es la obra arquitectónica más importante que se lleva a cabo en la ciudad en el siglo XVIII. La ejecución de este espacio se realizó entre 1781 y 1790 con la idea de dotar a la ciudad de un espacio para celebrar festejos, corridas de toros y mercados populares. Para ello, se aplicó una medida de 220 pies de lado y se dispuso, en uno de los frentes, el edificio que acoge al consistorio alavés, marcado por su evocación clásica y el gran frontón triangular que, conteniendo el escudo de la ciudad, corona la construcción.

No obstante, la actual configuración de Vitoria nace del fortalecimiento de la ciudad como centro industrial y su designación como capital de la Comunidad Autónoma Vasca. Ambas razones han dado lugar a nuevos proyectos urbanísticos, motivados, sobre todo, por el aumento de la población, multiplicada por tres en los últimos treinta años.

Todo ello, ha dado lugar a un espacio urbano moderno y funcional, pleno de servicios, sin perder, en ningún momento, su identidad como ciudad histórica, sobre todo, por el compromiso de conservar el viejo núcleo urbano..

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